viernes, 7 de agosto de 2015

La ofrenda encendida


El fuego es una fuente de calor, luz y energía que todos los hombres han usado desde que fue descubierta en la historia. El fuego hoy representa el conocimiento, el poder, la permanencia y la constancia en una actividad determinada. Decimos de forma cotidiana que algo está encendido cuando hay emoción, pasión y furor en ello.

El fuego transforma desde los alimentos para que podamos comerlos, hasta el oro y el hierro para hacer de estas materias primas un producto utilizable por la humanidad para construir estructuras utilitarias o simplemente para adornar y enaltecer algo o a alguien. El fuego destruye controlada o descontroladamente. Necesitamos el fuego, pero no podemos exponernos a él de forma irresponsable, sin tener precauciones ni conocimiento de su poder y sus efectos.

Dios, utilizó la figura del fuego para que su pueblo comprendiera varias cosas. El llamó la atención de Moisés (Éxodo3:2) hablándole desde una zarza que ardía sin consumirse. Así se mostró al patriarca y profeta como un fuego hacia el cual debe tener reverencia, un fuego que le da dirección a su vida mediante la palabra y que puede mantenerse en armonía con todo aquello que toca apaciblemente.

También una inmensa columna de fuego (Éxodo 13:21) era Dios delante de su pueblo guiándole por las noches en el desierto y en forma de fuego descendió del cielo sobre el monte Sinaí (Éxodo 24:17) para presentarse a todos. Cumpliendo con su promesa, cincuenta días luego de la resurrección de Jesús, envío al Espíritu Santo para bautizar a su iglesia con visibles y enormes lenguas de fuego sobre las cabezas de los congregados (Hechos2:2-3) el día de Pentecostés.

Él se presenta delante de ti con toda la pasión del fuego y por eso también espera que tú le brindes cada día una ofrenda encendida. Una acción de gracias enardecida y alegre que salga de lo profundo del corazón, una oración apasionada que cada día sea diferente y que no responda a una costumbre monótona y rutinaria. Dios puso su fuego dentro de ti y quiere que con ese mismo fuego transformes tu vida y proceses todo lo que has de ofrecerle para que tu trabajo, tu sacrificio, tus ideas y la obra de tus manos suba hasta El con un aroma fragante que le agrade. Recibe una sonrisa de Dios y tu alma encuentre gracia en sus ojos por la ofrenda encendida que sale de tu corazón.